El aumento del dólar


Luego de haber defendido el gobierno la no devaluación en 2008, con un costo fiscal por emisión de deuda muy elevado pareciera empezar a verse en los últimos tiempos una devaluación gradual con el objeto no de favorecer a determinados sectores sino para recaudar más.
Aunque luego del estallido de la crisis, las principales monedas del mundo se devaluaron fuertemente con respecto al dólar, el peso argentino acompañó esta devaluación pero en menor medida ya que la moneda local se apreció con respecto a las monedas de nuestros principales socios comerciales, debido a que el BCRA administró fuertes intervenciones en el mercado.

Hay muchos sectores económicos que para recuperar la competitividad cambiaria perdida y compensar los incrementos en los costos piden una mayor devaluación. Esto además, tendría efectos positivos en la recaudación tributaria.

Sin embargo con el contexto económico adverso y las deterioradas expectativas, movimientos bruscos en el tipo de cambio podría exacerbar la fuga de capitales y la dolarización de las carteras, algo ya vivido en la Argentina. La cercanía de las elecciones hace que la política cambiaria deba ser más prudente.

Como la inflación argentina continuó situándose por encima de los niveles del resto de los países se acentuó el deterioro del tipo de cambio real multilateral y bilateral con respecto a nuestros principales socios comerciales, a esto se suma la cercanía de las elecciones y un deterioro en la recaudación, es por ello que se esta instrumentando una devaluación gradual a los efectos de poder ir analizando sus efectos o contrarrestar una reacción negativa del mercado mediante la intervención del BCRA con sus reservas. El gobierno busca recuperar la confianza de los agentes y fortalecer la demanda de pesos para que disminuya su volatilidad en un contexto devaluatorio.

Según algunos analistas económicos el tipo de cambio alcanzaría los $4 por dólar en Diciembre. Si bien se trataría de la mayor devaluación nominal desde 2002, no redundará en un gran aumento de la competitividad cambiaria ya que la inflación que se estima compensará buena parte de ese movimiento. En la medida en que esta depreciación estimada del peso supere a la de las demás monedas, principalmente a la de nuestros principales socios comerciales, el país podría estar recuperando algo de la competitividad cambiaria perdida.